Immigració i Integració

Día Mundial de las personas Refugiadas

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Manifiesto del PSC 20 de junio, día internacional de las personas Refugiadas

En torno a 65 millones de personas se ven obligadas a huir cada año de sus hogares. Conflictos armados, hambrunas, desastres medioambientales o graves violaciones de los derechos humanos se encuentran detrás de un fenómeno que no para de crecer.
Este 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, llega en un momento especialmente crítico para la Unión Europea que desde 2015 atraviesa una grave crisis migratoria, la más importante desde la Segunda Guerra Mundial, que ha sido incapaz de gestionar.
El conflicto de Siria, pero también la situación de países como Afganistán, Pakistán, Irak, Eritrea, Somalia o Libia, se encuentran detrás de una oleada constante de personas que arriesgan sus vidas en el Mediterráneo intentando alcanzar las costas europeas. 
Esta crisis afecta al núcleo de los valores de la Unión Europea (UE) y se encuentra detrás de una parte de la decepción que provoca el proyecto europeo en millones de ciudadanos y ciudadanas que esperan una respuesta solidaria a este desafío, una respuesta acorde a los principios fundacionales del proyecto europeo.
El fenómeno de los refugiados es un desafío global y en el caso concreto de Europa, afecta al conjunto de los estados europeos, no sólo a aquellos que hacen de frontera. La respuesta no puede darla de forma individual ni España ni Italia ni Grecia ni ninguno de los países que sirven de frontera exterior.
Tiene que ser una respuesta compartida, coordinada y que responda a los principios de respeto a la dignidad humana y de protección a los derechos humanos que establecen los artículos 2 y 3.5 del Tratado de la Unión Europea. Principios por los que la UE fue galardonada en 2012 con el Premio Nobel de la Paz.
Los miembros de la UE deben actuar bajo decisiones democráticas de ámbito supranacional en beneficio del bien común y de defensa de los derechos humanos que son un bien inalienable de las personas. Derechos que son de carácter universal y por tanto de obligada protección por parte de la comunidad internacional.
La Unión Europea necesita superar su crisis política y avanzar hacia el horizonte federal que marca su espíritu fundacional y que permitiría dar soluciones conjuntas a retos colectivos como el que enfrenta ahora con la llegada masiva de personas refugiadas.
Europa debe acogerles y crear vías seguras de acceso para los solicitantes de asilo que en estos momentos se ven empujados a arriesgar sus vidas y ponerlas en manos de mafias sin escrúpulos. Debe ayudar además de forma urgente y sin dilaciones a las miles de personas que se hacinan en fronteras o en campos de refugiados y refugiadas.
Es necesario también que la Unión Europea avance en su integración, en la construcción de una Europa federal que disponga de una política común de inmigración y asilo que se financie con un presupuesto europeo y que responda a los valores que este continente dice profesar.
La cifra de personas refugiadas es asumible si los países europeos dan una respuesta común que implique distribuirlos en relación al peso poblacional y al PIB de cada uno de sus miembros. Un millón de seres humanos no es una invasión en un continente en el que viven 500 millones de personas.
Además de lo anterior, deberíamos exigir responsabilidades políticas y penales a aquellas autoridades europeas que han omitido el deber de socorro a las personas que se encuentran en peligro como también por el maltrato moral y físico a que son sometidos los refugiados y refugiadas que intentan salvar sus vidas o huir de la represión y el hambre.
Una Unión Europea fuerte, con valores anclados en su tradición y en los derechos humanos que globalmente ha ido impulsando desde su nacimiento debe proporcionar a las personas refugiadas pasos fronterizos adecuados, rutas seguras y legales que impidan que arriesguen sus vidas en el mar, un sistema de asilo común que permita distribuir a los recién llegados, políticas efectivas de integración, y salvaguarda de los derechos de las personas en las fronteras externas.
La Unión Europea, pero también el resto de países, tiene que aceptar la necesidad de buscar soluciones a los desplazamientos forzosos asumiendo que las fronteras tienen poco sentido para responder a problemas globales que afectan a millones de personas.
En el Día Mundial del Refugiado, hacemos un llamado para no permitir más muertes en el Mediterráneo y construir una Unión Europea justa, unida y solidaria.
 

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